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El cruel asesinato del empresario ítalovenezolano Bruno Allio sigue dando de qué hablar. Ya se descubrió que su hijo fue quien planeó el crimen y salieron a la luz los detalles de su confesión.

 

«Brunito», como era conocido Santiago Giovani Allio Torres, hijo del hoy occiso, reconoció que dos semanas antes del asesinato él contactó a Gustavo Adolfo Hernández Medina, quien hizo el enlace con quienes terminaron siendo los autores materiales del hecho: Daniel José Mondoy Barreto,de 18 años, y un adolescente de 17. 

 

Hernández Medina lo llevó a ver a los sicarios en el sector Cerros de Marín, Maracaibo, estado Zulia. Allí, Santiago detalló los movimientos rutinarios de su padre y puntualizó que el asesinato debía parecer un robo, toda vez que lo ejecutaran en la camioneta Grand Cherokee en la que andaba Allio. 

 

Días antes del crimen, «Brunito» entregó a los sicarios 300 mil bolívares en efectivo, tal como estos le exigieron por concepto de adelanto del millón que le costaría la muerte de su padre. Allí convinieron que él mismo les entregaría el arma con que matarían a Allio. 

 

El día del asesinato, «Brunito» salió del edificio donde residía unos 10 minutos antes que su padre. En ese momento dio a los atacantes la pistola Beretta marca T92FS calibre 9 milímetros, identificada como el arma homicida. Le dio acceso a los delincuentes a la camioneta de su padre con el control adicional que tenía para que éstos se escondieran y lo emboscaran allí. Al ver que Allio bajó al estacionamiento, Santiago se fue en la otra camioneta de la familia. 

 

El plan inicial, explicó «Brunito», era llevarlo a un lugar solitario y apartado y allí quitarle la vida. Pero no tomaron en cuenta que Allio, al verse atacado, intentó defenderse. Aun cuando era apuntado por el arma, este levantó las manos y en vez de conducir hacia donde indicaban los maleantes, aceleró la marcha hasta chocar con un portón frente a su conjunto residencial. 

 

Pese a que Allio salió de la camioneta, los sicarios acabaron con su vida en el sitio, disparándole en la cabeza. Huyeron a pie lanzando tiros al aire, y luego una camioneta roja los recogió y los sacó de la zona. Esta camioneta fue identificada por testigos oculares como la que conducía Santiago ese día; esa información fue corroborada luego por las cámaras de seguridad de los establecimientos aledaños que grabaron todo el episodio. 

 

En cuanto los funcionarios del eje de Homicidios de Cicpc se hicieron presentes en el lugar, «Brunito» comenzó a ponerse nervioso, al percatarse de que la policía pediría los videos de las cámaras de seguridad con las que él no había contado. No lloró a su padre, dijeron los testigos; su actitud era de desesperación, más que de tristeza.

 

Los efectivos de seguridad consiguieron la confesión de «Brunito» luego de 2 horas de interrogatorio, luego de encararlo con su primera versión en la que había dicho que los maleantes lo estaban extorsionando para no matar a su padre y a su prometida. Este supuestamente habría accedido a darles la camioneta, con el compromiso de que no dañaran a Allio. 

 

Los expertos en Homicidios supieron que algo no encajaba en esa declaración, pues de haber sido por la camioneta, no tendrían por qué haberlo matado. Con esas palabras, más los videos de las cámaras de seguridad y la aprehensión de los 2 sicarios gracias a la triangulación de las llamadas, «Brunito» no tuvo otra opción que decir la verdad: mandó a matar a su padre para quedarse con toda su fortuna. 

 

(LaIguana.TV)

 

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