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“Para la contrarrevolución la cola es el lugar de la política”: Judith Valencia en exclusiva
lunes, 5 de diciembre 2016
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En entrevista exclusiva con La Iguana. TV, la economista Judith Valencia, profesora de la Facultad de Economía de la Universidad Central de Venezuela, estima que la Revolución debe explicar mejor las medidas que toma en el campo económico. “No podemos seguir mandando a la gente a informarse en la página web”.

 

Valencia, también docente de la Cátedra de Historia Insurgente Federico Brito Figueroa, cuestiona el nuevo intento del presidente Maduro de reunirse con los empresarios, pues, en su concepto, ellos son parte del núcleo de la guerra económica.

 

A continuación, una versión del diálogo de la profesora Valencia con el periodista Clodovaldo Hernández:

 

-Da la impresión de que la contrarrevolución está lanzando todas sus armas, incluso las atómicas, mientras la Revolución no muestra mucha capacidad de respuesta. Así lo vemos los profanos en economía. ¿Cómo lo ve usted, que es una especialista?

 

-Bueno, debo aclarar que este (el de los precios y el sistema cambiario) no es exactamente mi tema, solo tomo como referencia los resultados de las investigaciones que se están realizando, como las que hacen William Contreras y su equipo en la Superintendencia Nacional para la Defensa de los Derechos Económicos, o los de Pasqualina Curcio. Es cierto que la contrarrevolución, a partir de  2012 y, sobre todo, después de las guarimbas de 2014, nos hicieron perder la brújula. Eso debemos reconocerlo abiertamente y con toda humildad. Por el nivel de criminalidad de esas manifestaciones, el año 2014 fue para nosotros como el año 1814, el de Boves. La contrarrevolución, de manera inteligente, estuvo buscando por donde entrar, durante toda la enfermedad de Chávez. El material escrito de Pasqualina nos da argumentos para saber cómo lo hicieron. La única diferencia que yo destaco es que ella dice que es un problema de Estado, mientras yo creo que es del gobierno del Estado. Por ejemplo, Nicolás llama a todos los empresarios a respaldar la economía del país. Para mí, eso es no reconocer que esos empresarios son parte de los monopolios transnacionales, es decir, del núcleo de la guerra económica. Eso es perder tiempo nosotros y dárselos a ellos para que sigan en la ofensiva. Yo pienso que es un problema político, un problema del gobierno, que debe actuar con firmeza. La contrarrevolución tiene país, nosotros tenemos patria y allí hay una diferencia central. El proyecto contrarrevolucionario, de país, es la anexión de todas nuestras riquezas a la dinámica mundial, y el proyecto nuestro es mantenernos dentro de nuestras fronteras, respetando a nuestros vecinos, para cultivar una patria. Podemos tomar como referencia un texto de Michel Foucault, quien dice que la economía y la política son la misma cosa porque ambas fueron inventadas. De allí surge el liberalismo. La invención de la teoría de la competencia y la teoría de la fijación de los precios fueron ordenando, desde el siglo XVIII, a través de la acción de Inglaterra, lo que hoy se conoce como capitalismo mundial. Si la política y la economía son la misma cosa, tú no puedes tratar a la economía como si los empresarios fueran neutrales en su acción. No, ellos tienen una política y nosotros debemos tener otra. Yo pienso que ha faltado tiempo en las decisiones y que las decisiones deberían ser muy precisas.

 

-Este punto es importante: la acción, o más bien la inacción del gobierno. Parece que se ha tardado en actuar. En estos días, quien anda por la calle se da cuenta de la angustia de las personas que están haciendo colas en los cajeros automáticos. Es claro que ese tipo de síntomas no son solo resultado de acciones de la contrarrevolución, sino también de la ineficiencia del gobierno nacional. ¿A qué se debe eso?

 

-A que el gobierno no anda en la calle. Si anduviera en la calle se daría cuenta de lo mismo que nos damos cuenta tú, yo y todos los que vinimos caminando: la gente desesperada diciendo que hasta las 12 del día  de hoy (2 de diciembre) va a haber billetes en los telecajeros. Para la contrarrevolución, la cola es el lugar de la política. Con poner a una persona en la cola, ellos encadenan a toda la gente, la ponen a hablar de lo que ellos quieren que se hable, y después los dejan sueltos para que sigan repitiendo lo mismo, sin ninguna argumentación. Chávez decía que era necesario acompañar los procesos, las políticas, pero nosotros no estamos haciéndolo, no estamos en la calle, tomándole el pulso a la gente. Pasqualina dice en su investigación que los alimentos no son hallados en los establecimientos donde tradicionalmente se adquirían… claro, eso es parte de la estrategia, lo central y lo inteligente de la contrarrevolución. Sabemos que eso está en manos de monopolios, pero por qué no le damos la información al pueblo sobre quiénes son, dónde están, qué hacen, cómo lo hacen, todo eso de manera sencilla. No, lo que decimos es “está en la página web”, como si la gente anduviera con la página web en el bolsillo. No es así, la gente anda con el papelito, con la información de radiobemba. Hemos sustituido lo que era nuestro modo de comunicarnos por la comunicación que nos brinda el enemigo y creemos que siguiendo la misma pauta del enemigo vamos a lograr los mismos resultados. Ellos mandan, en unos pocos textos, lo que han de hacer durante el día. Nosotros no damos órdenes, tenemos que argumentar nuestras políticas, y en Twitter no se argumenta nada.

 

-¿Se puede decir, a estas alturas, que el gobierno y el pueblo estamos perdiendo la guerra?

 

-No, no creo que la estemos perdiendo en este momento. La estuvimos perdiendo, hubo un momento de riesgo en el que pudimos haberla perdido, pero ha habido un repunte, al que nos han ayudado situaciones increíbles. Por ejemplo, nos ha ayudado cosas que han ocurrido en el mundo, como la situación de Argentina con el gobierno de Macri, y el golpe parlamentario de Brasil contra Dilma. Con lo que está pasando en esos países, mucha gente ha salido de la rutina de la discusión encadenada de la cola para ver el futuro, ver horizontes. En estos días, por la desaparición de Fidel, ha traído de vuelta muchas reflexiones, un revivir de la historia de la década de los 60, que fue tan importantes para todo el proceso latinoamericano. Todo eso significa un caldo interesante para  el cultivo de la conversación, para salir de esa rutina que nos han implantado, interrumpida y desagradable. El problema es que no solo no tomamos políticas a tiempo, sino que vamos como en zigzag. Ponemos y quitamos, y cuando ponemos las cosas bien, no le hacemos seguimiento, no las supervisamos, no tenemos constancia, sino que las volvemos a quitar, las suspendemos. En estos momentos se está haciendo una investigación muy importante en la Sundde sobre los inventarios de mercancías navideñas que había en septiembre. Se comprobó que los sectores textil, calzado y juguetería acumularon inmensos inventarios para septiembre, bienes importados con el tipo de cambio de los meses previos. Una de las medidas que se debería tomar es la congelación del precio de todos esos bienes, de acuerdo a los precios que esos empresarios pagaron. Ellos compraron todo lo que van a vender este mes. También sería interesante darle apoyo a la Sundde en la calle, disolver a la Sundde en el seno pueblo, que tenga un apoyo masivo, que no sea un instrumento para exigir el cumplimiento de normas que están en el papel, sino que sea un ente de acción popular. Otra cosa, yo sé que Nicolás, por ser jefe de Estado, tiene también que ponerle atención al país no chavista, a la contrarrevolución, pero no creo que la conversación deba ser con los empresarios. Es muy importante el diálogo político porque la primera prioridad es la paz, estoy de acuerdo con la agenda que se ha hecho para el diálogo político, pero hay que entender que la estrategia es vaciarnos del apoyo del pueblo, haciéndole a la gente la vida imposible. De eso tenemos muchas experiencias para aprender: siempre se señala la de Chile, pero yo creo que más interesante es la de Rusia, cómo fue que, a partir del año 85 y hasta el 91, disolvieron a la Unión Soviética, una superpotencia, quitándole el apoyo de calle. El pueblo comenzó a actuar contra los mismos que le habían dado la vida.

 

-¿Qué alternativas le quedan, en materia cambiaria, a un gobierno que lleva ya trece años con un régimen de control de cambios y se encuentra en una coyuntura en la que el precio del dólar lo fija una pequeñísima minoría con una página web?

 

-Fíjate que no es el cambio lo que ellos fijan, sino que hacen una fijación virtual de los precios de los bienes de consumo final. Debemos recordar un discurso de Nicolás en noviembre 2013, y una rueda de prensa de Rafael Ramírez, en diciembre de ese año, cuando se crea Cenconex (Centro Nacional de Comercio Exterior) y se habla del presupuesto de divisas y de que el gobierno lo va a centralizar, que la industria debe decirle qué requiere y se le suministrará, en lugar de la entrega directa de dólares, como se hacía con Cadivi. Ese fue el momento en que Nicolás llamó al diálogo y fue hasta Lorenzo Mendoza. Esas medidas eran acertadas, pero se debilitaron, no se llevaron a final término debido a la sorpresa de la Salida, de febrero de 2014, a la capacidad criminal que tuvo la contrarrevolución en la calle. Hubo una pérdida de perspectivas. Hoy en día es cierto que existe ese fijador de precios, porque el comerciante ve el dólar Cúcuta, el dólar criminal o el dólar today, como se le quiera decir, e inmediata y subjetivamente sube todos los precios con el argumento de que no va a tener capacidad de compra para después, para reponer inventarios. Si el gobierno interviniera y dijera: “Sí la vas a tener porque yo te voy a suministrar lo que tú pidas, al precio de dólar Dicom, por ejemplo”, se restablecería la confianza. Yo no estoy contra el Consejo Nacional de Economía, pero ese es un lugar para tomarle el pulso a la situación de los otros, y es un lugar de negocios, no es un lugar de elaboración de políticas. Allí se comete un error, pues las políticas deben elaborarse entre nosotros, no puede ser con la contrarrevolución. Ella ha hecho su política, muy inteligente, por cierto. Fijémonos, por ejemplo, en la frontera: nosotros consideramos que todo lo que sale es contrabando, pero Colombia lo legaliza inmediatamente. Allí, sin que haya un acuerdo entre los Estados, el bolívar es moneda convertible sin ser moneda internacional, junto con el dólar y el euro. Los profesionales del cambio fijan el cambio en esas regiones por acuerdo entre las partes, sin cumplir con el cambio oficial del Banco Central de Colombia y los bolívares se convierten a pesos a razón de 1 a 1. Entonces, no podemos aplicar en esa frontera una política de normalidad. Deberían sentarse los gobernadores de Zulia, Táchira y Bolívar a elaborar una política diferente a la del resto del país, porque es una frontera viva y de guerra. No se trata solo del tema económico, sino también de seguridad de Estado porque los factores de poder de Colombia están comprando territorio, bienes inmuebles, negocios. Es una forma de no solo vaciarnos de pueblo, sino también de territorio, de apropiarse de toda la zona fronteriza. Aquí tengo un ejemplo muy práctico: en Colombia, el salario mínimo es de 680 mil pesos y un tanque de gasolina allá cuesta 123 mil pesos. Si cambias los 680 mil pesos en bolívares, tendrás 680 mil bolívares, pero el tanque de gasolina, aun con todos los recargos que se le hagan para la frontera, cuesta 17 mil 400 bolívares. Y esa misma cuenta se puede hacer con cada una de las cosas que ellos están en posibilidad de adquirir. Así que no se trata solamente de las personas que pasan la frontera a pie, sino del narco, del comerciante, del industrial, que están haciendo presión para que les den los mismos beneficios que tenían cuando la frontera era una zona franca de intercambio.  Hoy en día no lo es. Es una frontera de guerra. Entonces, el Banco Central de Venezuela debería elaborar una política para quitarle la base de sustentación a ese dólar criminal.

 

-Sin pretender que ejerza de profeta o pitonisa, desde el punto de vista más científico y marxista posible, ¿cómo cree que será el año 2017?

 

-Es positivo el hecho de que el Consejo Nacional Electoral haya fijado el calendario de elecciones ha establecido una actividad política electoral para el próximo año. Nuestra atención debe estar en una política única de gobernadores, alcaldes y gobierno nacional, una estrategia conjunta, no de competencia entre sí, que arranque a principios de año para poder estar en condiciones para las elecciones de gobernadores. No se trata de que nuestra política sea electoralista, sino porque tenemos que rescatar la confianza del pueblo en los logros alcanzados, revivir la estimación de la riqueza de las misiones. Eso es importante. La situación internacional podría ayudarnos, como un presidente de Estados Unidos que descontrola por un tiempo a la sociedad norteamericana… Yo creo que si tomamos de nuevo el toro por los cuernos, si les decimos a las transnacionales que ya no van a poder cobrar y darse el vuelto, que el suministro de divisas lo haremos nosotros, como lo planteamos en 2013 con Cencoex, vamos a tener un buen 2017. Pero tenemos que tomar las decisiones y no dar bandazos, no pueden ser políticas de quita y pon, sino persistir. La gente del Banco Central tiene que dar la cara, tiene que explicar y esa explicación debe ser sencilla. No podemos continuar con comportamientos como los que se han venido presentando. Por ejemplo, en los bancos dicen que hay una orden de la Superintendencia de Bancos que limita el monto de dinero que se puede retirar de una cuenta, y el gobierno no explica a qué responde esa medida. Si tú explicas, un pueblo que tiene las entendederas abiertas, comprende perfectamente y no se hace eco del runrún que viene por las redes. Yo creo que el 2017 debemos empezar con buen pie. Y para ello debemos tomar conciencia de que la estrategia de la contrarrevolución es ir más allá de alimentos y medicinas, como lo ha advertido Pasqualina Curcio. La idea que tienen es afectar los logros en materia de empleo y del nuevo sistema comunal de producción económica. Nosotros hemos estado generando una nueva economía, donde hay trabajo y no empleo, donde las personas se asocian para producir. Sin embargo, se corre el riesgo de que nadie compre los bienes producidos de esa manera porque las familias están estableciendo prioridades en su presupuesto y dejarán de adquirir muchos bienes. Se puede perder el esfuerzo de crédito y de impulso a la actividad productiva, que ha sido maravilloso este año, con el Punto y Círculo y la recuperación de muchos proyectos que se habían iniciado en tiempos de Chávez y que, no se sabe por qué,  se habían dejado perder entre los años 2010 y 2011. A eso hay que prestarle atención, tomar medidas, supervisar, tener control.

 

(Clodovaldo Hernández / clodoher@yahoo.com)

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